sábado, 3 de abril de 2010

Verde ciudad

Atenta contra el inexistente silencio,
el brusco rechinar de los frenos,
adornan la orquesta de ruido,
los metales abrazarse entre ellos
y entre todos, hacer un complot,
contra la paz del hombre.
Un improvisado silencio,
se pierde ahora con el estribillo
que la sirena de la ambulancia anuncia.

Los periódicos, anunciaron la colisión,
la gente no se detiene, ya no hay tiempo,
con suerte recuerdan como respirar.
Leíase también, junto con la colisión
los índices de polución.

Eran mis pulmones, los que añorando
la tortuosa ciudad,
me suplicaron, en medio del verde nativo,
encendiera el cigarro,
era mi mente, la que ya atolondrada por la paz
me urgió a recordar la ciudad
y así encender la música.
El color del sonido del zorzal
se convirtió en el mero recuerdo
que quizás los imanes de los audífonos
tocarán algún día.

Desangrabas, el glaciar, nutría al río
de esa cristalina agua,
sus últimos deshielos, miré hacia arriba
miré hacia el lado.
Ni mencionar el gris.
La ciudad poco a poco
iba perdiendo su importancia,
el verde poco a poco ,
comenzaba a defenderse,
a ganar batalla.
El zorzal fue amigo, la extinción
fue un mal sueño
caminamos juntos por ese bosque de
verdes recuerdo.
El huemul me contaba
como era antes
de que existiera Curalaba
Cuando el cielo era celeste
Y el agua de nadie.

La libertad llenaba mis pulmones
quise olvidar de donde soy,
quizas olvidar mi carga,
creer que era de allí
que la ciudad era el sueño.
Pero el condor arrancó,
el verde huyó y poco a poco
el gris comenzó a abrazar
prolijamente la aniquilación.

El gris dejó de existir,
la ciudad dejó de atormentar,
el silencio ahora era adornado por el viento
el mapache, el alerce, el océano
el hombre, la mujer, éramos hermanos.




JUANBA ALARCON
Si en el mundo tiene que pasar algo malo, que pase ahora, pero que nuestro hijos, nuestros nietos, tengan un mundo bello.

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